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EE.UU.: la economía y los demócratas
Mariana Martínez
Mariana Martínez
Columnista, BBC Mundo

Ya es un hecho: los demócratas controlarán ambas cámaras del Congreso estadounidense en los dos últimos años de gobierno del presidente George W. Bush.

Soldado estadounidense en lugar donde estalló un coche bomba, el 12 de noviembre de 2006
Irak jugó un papel importante en las elecciones en EE.UU., igual que la inestabilidad económica.
Y la pregunta clave en materia económica que se hacen tanto los ciudadanos como los analistas internacionales, es si los demócratas serán realmente capaces de instrumentar cambios radicales en la política económica del país.

Una inquietud que nace, más que nada, ante la archiconocida diferencia entre demócratas y republicanos en cuanto a impuestos se refiere, y las asperezas que existen entre ambos partidos a la hora de poner sobre la mesa temas como comercio, petróleo, salud y presupuesto de defensa.

¿Vientos de cambios?

 

Si bien la guerra en Irak jugó un papel preponderante en la decisión de los estadounidenses de entregar el control del Congreso a los demócratas, los últimos sondeos muestran que la inestabilidad económica que vive el país también tuvo su peso a la hora de votar.

Ante la probabilidad de que la economía estadounidense enfrente una recesión el próximo año, los estadounidenses parecen haberse inclinado por los demócratas y les dieron una oportunidad para que cumplan con sus promesas de campaña.

El presidente de EE.UU., George W. Bush, al término de la rueda de prensa tras las elecciones legislativas 2006
A pesar del perder el Congreso, el gobierno republicano podría vetar cualquier cambio drástico.
Entre ellas está aumentar el salario mínimo nacional, que se ubica actualmente en los US$5,15 la hora y no ha experimentado un aumento en los últimos 9 años. Medida que claramente favorecería a la clase trabajadora estadounidense.

Así como hacer más accesible la educación terciaria, reducir los costos de los medicamentos y los seguros de salud y luchar por un comercio más justo.

Los demócratas se han mostrado también a favor de establecer un impuesto que grave los beneficios de las empresas petroleras, abogando que éstos han sido "exagerados", y de reducir los presupuestos militares.

Según los demócratas, entre sus tareas también estará reducir el abultado déficit fiscal que sufre la economía estadounidense, para lo que será necesario equilibrar el presupuesto, en pocas palabras, balancear lo que ingresa y lo que se gasta.

Impuestos en la mira

 

Justamente en la recaudación de los impuestos es donde los republicanos y los demócratas tienen grandes diferencias.

Mientras los republicanos aplaudieron los recortes impositivos promulgados bajo el gobierno de Bush en 2001 y 2003, y facilitados por un Congreso con mayoría republicana -y que expiran en su mayoría a finales de 2010-, los demócratas se han mostrado en su mayoría en contra.

Sin embargo, es de esperar que, aunque los demócratas dominen en el Congreso, las reformas tributarias que éstos propongan tengan poco alcance, ya que la autoridad ejecutiva permanece en manos de los republicanos y cualquier cambio drástico podría ser vetado.

¿Y el libre comercio?

 

Cartel contra la Organización Mundial del Comercio (WTO en sus siglas en inglés)
Los demócratas están contra los acuerdos comerciales, alegando que provocan mayor desempleo.
Otro de los temas que estará sobre el tapete será el libre comercio.

Antes de los comicios, algunos candidatos demócratas se mostraron en desacuerdo con los acuerdos comerciales, alegando que éstos favorecían la exportación de empleos de EE.UU. a China y otros países en vías de desarrollo.

Con la victoria demócrata en el Congreso, en sus manos está la decisión de renovación o no de la Autoridad para la Promoción Comercial (o TPA, por su sigla en inglés), que expira el próximo 1 de julio. Y que es la licencia que tiene la Casa Blanca para concluir tratados comerciales.

El TPA impide al Congreso modificar los tratados. Sólo puede aprobarlos o rechazarlos en su conjunto.

Sin la renovación, en la práctica, el gobierno de Bush no podría negociar "por sí mismo" acuerdos comerciales con otras naciones y con la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Por lo que llegar a un acuerdo con los demócratas en este punto será crucial para el gobierno del presidente Bush.

Entre las posibilidades está, sin embargo, que el Congreso no tome una postura tan radical en materia de comercio y que apruebe una extensión del TPA y/o una suerte de TPA "limitado".

¿Por qué es importante el TPA?

La no renovación del TPA le propiciaría un golpe "fatal" a las ya estancadas negociaciones de la Ronda de Doha, según expresó antes de los comicios estadounidenses, Pascal Lamy, secretario general de la OMC.

Sin el TPA, el poder de Washington para negociar disminuye.

Las negociaciones están estancadas por la falta de acuerdos en los temas de baja de aranceles y subsidios agrícolas.

Para retomarlas sería necesario recortes sustanciales tanto en los aranceles, por parte de la Unión Europea, Japón y otros países industrializados y en vías de desarrollo, como en los subsidios agrícolas por parte de Washington y Bruselas.

¿Qué se puede esperar?

Por lo pronto, los demócratas estarán en posición de avanzar hacia un aumento del salario mínimo, a cambio de ofrecer su aprobación para algunas de las reducciones de impuestos que proponen los republicanos.

Pero, lo más probable es que entre la presidencia y el Congreso, el tema de Irak domine las conversaciones y que éstas le resten fuerza a cualquier cambio drástico en materia de política económica que los demócratas quieran realizar.

 

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